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    El ojo seco

    El ojo seco

    Más allá de la connotación sentimental, la lágrima cumple una función esencial en el mantenimiento de una superficie ocular sana. Las capas más superficiales de la córnea y la conjuntiva precisan estar constantemente bañadas por este fluido y sus nutrientes. Un ojo sano está cubierto por una fina capa de lágrima, la llamada película lagrimal, que se mantiene estable entre parpadeo y parpadeo. De esta forma se consiguen los dos objetivos fundamentales de la lágrima, mantener esos tejidos sanos y aportar calidad visual.

    El síndrome de ojo seco ocurre cuando el ojo no genera suficiente lágrima, esta es de poca calidad, o la lágrima que produce se evapora demasiado rápido (es el llamado ojo seco evaporativo, asociado sobre todo a la fijación visual sostenida).
    El síndrome de ojo seco engloba una gran variedad de manifestaciones clínicas, que en muchos casos son confundidos con los de una conjuntivitis. Los síntomas más comunes son de tipo irritativo, e incluyen la sensación de cuerpo extraño o arenilla, picor, escozor, enrojecimiento, visión borrosa inconstante, y lagrimeo reflejo.

    El ojo seco es una condición muy común, particularmente en la mujer, y aún más a partir de los 50-55 años. Afecta de dos a tres veces más a la mujer que al hombre. Una de cada veinte mujeres de más de 50 años y una de cada diez de más de 75 años tiene el síndrome del ojo seco.
    Este hecho ha dirigido las investigaciones clínicas hacia la posible relación entre las hormonas sexuales y el ojo seco. La franja de edad que presenta mayor prevalencia de ojo seco se sitúa en el período perimenopáusico, el llamado climaterio, y puede prolongarse durante años. Se ha comprobado que los estrógenos juegan un papel fundamental como factor de riesgo en la aparición del ojo seco, especialmente en pacientes menopáusicas sometidas a terapia de sustitución con hormonas sexuales para mitigar los síntomas de este periodo. Diversos estudios demuestran una correlación directa entre dosis altas de estrógenos, edad superior a 60 años y ojo seco.

    Una forma particular de ojo seco sucede en pacientes con el síndrome de Sjögren. Los pacientes con este síndrome padecen sequedad ocular, bucal y vaginal. Se trata de una patología autoinmune en la que se produce una autodestrucción a nivel de las glándulas de secreción exocrina. El 90%, nueve de cada diez de las personas con este síndrome, son mujeres.
    La endometriosis es una enfermedad ginecológica cuya base fisiopatológica radica en la existencia de altos niveles de estrógenos. Estudios recientes asocian el síndrome de Sjögren con esta enfermedad y, por tanto, con los estrógenos, abocando igualmente en ojo seco.
    La artritis reumatoide y el lupus eritematoso son asimismo enfermedades autoinmunes con mayor prevalencia en la mujer y que también se asocian a una mayor presencia del ojo seco.

    Estamos por tanto ante una patología con una elevada prevalencia, especialmente en la población femenina, muy a menudo infravalorada e infratratada. En los casos más severos, el abordaje del paciente debe implicar al médico general o internista, el ginecólogo y el oftalmólogo. Se deberá confirmar o descartar la existencia de una patología sistémica de riesgo y tratarla. El oftalmólogo deberá realizar un estudio exhaustivo del sistema lagrimal a fin de discriminar el origen del síndrome del ojo seco y así poder aplicar el tratamiento más específico para cada caso.

    La piedra angular en el tratamiento del ojo seco son las lágrimas artificiales. Cuando el ojo está insuficientemente lubricado, ya sea por falta de volumen o calidad de la lágrima, o por excesiva evaporización de la misma, es necesario sustituirla mediante la aplicación frecuente de lágrimas artificiales, idealmente sin conservantes.
    En los casos de ojo seco en los que además de la falta de lubricación exista inflamación ocular, será preciso añadir un tratamiento antiinflamatorio o inmunosupresor. Otros tratamientos incluyen el suero autólogo, colirios regenerativos con factores de crecimiento o el uso de tapones lagrimales.

    Si se presentan síntomas de ojo seco de forma habitual no hay que recurrir a la autoprescripción ya que podríamos empeorar. El ojo seco requiere un estudio exhaustivo de sus causas y un abordaje específico y especializado que sólo puede llevarlo a cabo un especialista en oftalmología.

     

    Aquest article també està disponible en: Catalán

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