La retinopatía diabética es una complicación ocular provocada por la diabetes que afecta a los vasos sanguíneos de la retina. Con el paso del tiempo, estos vasos pueden deteriorarse, filtrarse o incluso obstruirse, comprometiendo progresivamente la visión.
Se trata de una de las principales causas de ceguera en adultos, y su impacto es mayor de lo que muchas personas imaginan. Aproximadamente:
- Un 2% de los pacientes diabéticos desarrolla ceguera total
- Hasta un 80% presenta algún grado de retinopatía
Lo más importante: puede avanzar sin dar síntomas durante mucho tiempo.
Por eso, todas las personas con diabetes —tanto tipo 1 como tipo 2— deberían realizar una revisión oftalmológica completa al menos una vez al año.
¿Cómo afecta la retinopatía diabética a la visión?
La pérdida de visión no ocurre de forma repentina, sino que es el resultado de un proceso progresivo en el que la retina deja de funcionar correctamente.
A medida que los vasos sanguíneos se deterioran, aparecen dos mecanismos principales que afectan directamente a la calidad visual.
Retinopatía diabética proliferativa
Es la fase más avanzada de la enfermedad. En este estadio, se forman vasos sanguíneos anormales y frágiles que pueden romperse y sangrar dentro del ojo. Esto provoca:
- Visión borrosa o distorsionada
- Aparición de manchas oscuras
- Pérdida progresiva de visión
Edema macular diabético
El edema macular se produce cuando los vasos sanguíneos filtran líquido hacia la mácula, la zona responsable de la visión central. Esto provoca:
- Inflamación de la mácula
- Visión borrosa en el centro del campo visual
- Dificultad para leer o reconocer caras
Puede aparecer en cualquier fase, aunque es más frecuente en etapas avanzadas. Además, aproximadamente la mitad de los pacientes con retinopatía proliferativa también desarrollan edema macular.
Los grandes riesgos de la retinopatía diabética
Uno de los aspectos más preocupantes de esta enfermedad es que puede evolucionar sin que el paciente lo perciba. No siempre hay señales claras en las primeras fases, lo que hace que muchas personas lleguen tarde al diagnóstico.
Además, no se trata de una patología localizada o puntual, sino de un proceso que afecta a ambos ojos y que, sin control, tiende a avanzar.
Esto implica que:
- Sin seguimiento ni tratamiento, la progresión es continua
- Puedes tener daño ocular significativo y seguir viendo aparentemente bien
- La enfermedad suele afectar a los dos ojos, aumentando el riesgo global
Por eso, más que esperar a notar síntomas, la clave está en adelantarse.
¿Cómo se detecta la retinopatía diabética?
El diagnóstico no se basa en un único test, sino en una evaluación completa del estado ocular. Esto permite detectar alteraciones incluso antes de que afecten a la visión.
Durante una revisión oftalmológica, se analizan distintos aspectos:
- El historial clínico y los factores de riesgo asociados a la diabetes
- La agudeza visual y la calidad de la visión
- La presión intraocular
- El estado de la retina mediante pruebas de imagen
- La presencia de edema o alteraciones estructurales
Pruebas como la OCT o la angiografía permiten observar con precisión lo que está ocurriendo en el interior del ojo, facilitando un diagnóstico precoz y fiable.

Tratamiento de la retinopatía diabética
Sí, existe tratamiento, y su eficacia depende en gran medida de cuándo se detecta la enfermedad.
En función del estado de la retina, el abordaje puede incluir láser, inyecciones intraoculares o cirugía. Cada técnica tiene un objetivo concreto: frenar la progresión, reducir la inflamación o reparar el daño existente.
La decisión terapéutica debe ser siempre individualizada. Tal y como explica el Dr. Arcalís, no todos los pacientes requieren el mismo tratamiento ni en el mismo momento, por lo que es fundamental adaptar la intervención a cada caso concreto.
Cuando se actúa a tiempo, los resultados cambian completamente el pronóstico: con un tratamiento adecuado y a tiempo el riesgo de ceguera puede reducirse a menos del 5% en los años posteriores.
Prevención y control: la clave para conservar la visión
La retinopatía diabética no siempre se puede evitar, pero sí se puede controlar si se detecta a tiempo.
Y aquí es donde está el punto más importante de todo el artículo: no esperar a tener síntomas.
Mantener revisiones periódicas, controlar la diabetes y realizar un seguimiento oftalmológico adecuado permite detectar cambios antes de que sean irreversibles.
Porque en esta enfermedad, la diferencia entre ver bien y perder visión suele estar en el momento en el que se actúa.
Aquí podéis ver y descargar en inglés el Barómetro de la Retinopatía Diabética hecho por la Federación Internacional de Diabetes (*IDF) y por la Agencia Internacional de Prevención de la Ceguera (IAPB).
Síntomas que NO deberías ignorar (aunque veas bien)
Uno de los mayores riesgos de la retinopatía diabética es que puede avanzar sin síntomas evidentes durante mucho tiempo. Esto hace que muchas personas no acudan a revisión hasta que el daño ya es significativo.
Sin embargo, en algunos casos pueden aparecer señales sutiles que conviene no pasar por alto.
Aunque no siempre indican una fase avanzada, sí pueden ser una alerta de que algo no está funcionando correctamente en la retina.
Señales de alerta más frecuentes
- Visión borrosa o cambios en la nitidez
- Dificultad para enfocar de cerca o de lejos
- Aparición de manchas oscuras o “moscas volantes”
- Sensación de sombras o zonas apagadas en el campo visual
- Dificultad para ver de noche
Lo importante: puedes no notar nada
Aquí está el punto clave: puedes estar desarrollando retinopatía diabética y seguir viendo bien.
Esto no significa que no haya daño, sino que el ojo todavía está compensando. Por eso, confiar únicamente en “si veo bien, estoy bien” es uno de los errores más habituales.
Cuándo deberías acudir al oftalmólogo
Más allá de los síntomas, hay una recomendación clara:
- Si tienes diabetes → revisión al menos 1 vez al año
- Si notas cualquier cambio visual → consulta lo antes posible
- Si llevas tiempo sin revisarte → no lo retrases
Tal y como insiste el Dr. Arcalís, la detección precoz es la mejor herramienta para evitar complicaciones graves.



